Noticia en Eltiempo.com sobre Uribe habla de Santos


El sitio online del diario nacional El Tiempo, publicó el día de hoy en su portada un encabezado que prometía al lector hablar de la respuesta del expresidente Álvaro Uribe Vélez a las palabres del presidente Juan Manuel Santos, sobre la desmovilización de los paramilitares. Pero al ingresar en la noticia, aparecían las palabras de Santos contra el expresidente Uribe. Por ningún lado se mencionaban las declaraciones del exmandatario colombiano que actualmente sostiene una férrea oposición al gobierno del presidente liberal, cuyos familiares dirigen el diario capitalino. Horas más tarde y luego de la observación de @galeriapolitica el portal de Eltiempo.com modificó tanto la fotografía como el texto de la noticia, dejando la duda de si se trato de un error voluntario o involuntario. Ver la noticia modificada

Decisión de La Haya tumbó pesquera en San Andrés

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El fallo de La Haya, que dejó con 75.000 kilómetros menos de mar en el Caribe al país, se creyó que perjudicaría solo a los pescadores artesanales. Sin embargo, ya cobró su primera víctima grande. Se trata de Antillana, la empresa pesquera más grande de San Andrés.

La compañía, que se dedicaba a la pesca, cultivo, procesamiento industrial y comercialización de pescados y mariscos, anunció su cierre debido a la insostenibilidad económica de la industria tras la pérdida de la principal área marítima donde recolectaba gran parte de sus productos.

Según Luci Álvarez, gerente de la empresa, “el fallo (de la Corte Internacional de Justicia de La Haya) tuvo repercusiones directas contra la actividad que desarrollamos. Parte de las aguas que se perdieron son donde están ubicados los sitios estratégicos de la pesca mundial”.

Explicó además que el volumen de langosta y pescado que han recogido en los últimos meses no ha sido suficiente y las pérdidas son millonarias.

Antillana, manejaba cerca de un 95 por ciento del comercio de langosta de la isla. Tras su cierre, unas 280 personas, testigos del cambio en la producción en los últimos seis meses, quedarán sin empleo.

Al respecto, el representante a la Cámara por el archipiélago, Jack Housni Jaller se mostró preocupado por la situación que describió como “grave”. “Hay 30 familias que dependen directamente de esta empresa además de los pescadores y las madres cabeza de familias vinculadas”.

“Esta es solamente la punta del iceberg de algo que Colombia no ha podido comprender. El impacto económico de lo que se perdió solo se puede medir a largo plazo y va a ser incalculable porque a medida que pasen los años el valor va a aumentar de manera impresionante”, agregó Housni.

Fuente: ElColombiano.com

En barrios de Medellín gobierna el miedo

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Por Juan Diego Restrepo E.*
En Medellín, la “ciudad más innovadora del mundo”, cunde el miedo a las acciones violentas de los grupos armados ilegales que operan entre callejuelas, descampados, terrazas y lotes baldíos. Hasta el momento, la única solución a la que le apuesta la Alcaldía de Medellín es incrementar la presencia de la Fuerza Pública, pero esa alternativa no es suficiente para que los ciudadanos superen sus temores y recuperen la tranquilidad.

Los masivos desplazamientos intraurbanos ocurridos en los últimos días en un sector del corregimiento San Cristóbal, zona occidental de la ciudad, son una reacción dramática a la amenazas proferidas por miembros de estructuras criminales que trasiegan por aquellas zonas semiurbanas, estratégicas para su movilidad y dinamizadoras de sus actividades económicas ilícitas.

Cuando se recorren algunas zonas de la ciudad, puede percibirse que el miedo se ha institucionalizado: la gente habla poco, camina rápido y mantiene la mirada al piso cuando se cruzan con “los muchachos”, es decir, con quienes ejercen la autoridad; no acepta visitas de familiares y amigos de forma sorpresiva sino que tienen que ser anunciadas con tiempo para avisarles a las bandas y evitar así que tomen represalias porque son desconocidos; el pago por un supuesto servicio de vigilancia lo hace sin reproches, dada la intimidación a la que está sometida. Más allá de los grupos armados ilegales, quien gobierna en decenas de barrios de Medellín es el miedo.

En barriadas periféricas, y otras no tanto, hay un disciplinamiento cotidiano instaurado por las bandas armadas ilegales que ni la presencia de la Fuerza Pública, en sus componentes de Ejército y Policía, es capaz de socavarlo, entre otras razones por su falta de legitimidad ante las comunidades, que los ven muy cercanos a los miembros de esos grupos criminales y lejanos a sus responsabilidades constitucionales.

Ese disciplinamiento social se consolidó en el pasado a través de cientos de acciones de violencia directa – masacres, homicidios selectivos, desapariciones, torturas –; por ello, para esas estructuras armadas ilegales, es relativamente fácil provocar un desplazamiento masivo: basta una orden para que la gente abandone el vecindario, pues ya sabe que son amenazas verosímiles. Ya lo decía Thomas Hobbes: “la reputación de poder es poder”.

En situaciones como las que ha padecido Medellín en los últimos 25 años, donde las autoridades civiles han sido incapaces de intervenir con eficiencia para que las comunidades superen sus miedos, la violencia ha pasado de un estado de realidad permanente a un estado de potencialidad, es decir, no se requiere la violencia directa para recordarle a la gente que vive sometida a los intereses de un grupo armado ilegal. En ese sentido, es claro lo que afirma Jean-François Gayraud: “la reputación de peligrosidad, fruto de la historia y el mito, basta de ordinario para extender el miedo”.

El miedo tiene efectos individuales y colectivos que aún no han sido contrarrestados con efectivas intervenciones sociales, ni mucho explorados ni investigados a profundidad en esta nueva fase de violencia urbana que padece la capital antioqueña desde hace por lo menos seis años, pese a que sus expresiones son constantes y tienen una historia que no se puede desdeñar. Al respecto, Zygmunt Bauman advierte que “el espectro de las ‘calles inseguras’, que hiela la sangre y destruye los nervios, mantiene a la gente lejos de los espacios públicos y los disuade de buscar el arte y las habilidades que se requieren para participar en la vida pública”.

Lo que está en juego en la ciudad “más innovadora del mundo” es la solidez del tejido social, los lazos comunitarios y la vivencia plena de la ciudadanía en democracia. Son aberrantes las limitaciones que viven a diario la gente en sus barriadas, agobiadas por el poder que ejercen los grupos armados, y también aquellos que deben transitar por ellas en razón de sus trabajos, estudios, nexos familiares o simples actividades de ocio. La ineficiencia del Estado local ha convertido a Medellín en una ciudad desarticulada y fragmentada, en la que predominan pequeños grupos, de carácter mafioso, que han logrado constituirse en un poder alternativo.

Los controles y la vigilancia ilegal que se imponen en esas zonas no están dados por las leyes sino por la autoridad alcanzada a través de la violencia. Hasta el momento no ha habido propuestas de política pública que intenten romper los imaginarios de poder que lastimosamente ha tenido que construir la gente para sobrevivir. Y así no lo quieran admitir las autoridades locales, regionales y nacionales, esos imaginarios se reforzaron cuando se legalizaron prácticas violentas a través del proceso de desmovilización y reinserción de los grupos paramilitares con fuerte presencia urbana. Medellín es un ejemplo de ello.

Angustia ver las imágenes de los pobladores del sector de La Loma, en San Cristóbal, cargando sobre sus hombros el trasteo ante la mirada impotente de soldados y policías, una prueba contundente del miedo provocado por los grupos armados ilegales entre las comunidades y del dominio y control territorial que ejercen, lo que demuestra que es superior a la presencia del Estado. Algo se ha hecho mal en esta ciudad que permitió semejante demostración de señorío.

La pregunta que surge entonces es ¿cómo derrotar el miedo? No basta con encarcelar a los integrantes de las bandas, pues se ha visto que otros surgen y toman esos puestos que quedan vacíos por acción de las autoridades. Masificar las acciones psicosociales, rescatar el espacio público, fortalecer las organizaciones sociales, intensificar intervenciones deportivas y culturales en los centros educativos y promover soluciones laborales a largo de plazo, serían parte de las soluciones. Lo extraño es que siendo la “ciudad más innovadora del mundo”, no se haya pensado en soluciones efectivas y de largo plazo, más allá de aumentan la tropa en los barrios, una solución simplista a los problemas estructurales que tiene Medellín.

* Periodista y docente universitario.

Fuente: Semana.com

Mi aporte es no creer en las FARC

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Por: Saúl Hernández Bolivar
‘Paz’ es un término abstracto que, en conjunto con su polo opuesto, que sería ‘guerra’ o ‘violencia’, conforma una de esas dualidades asociadas a los conceptos del bien y el mal, sobre los que se fundamentan las religiones y las normas sociales desde las civilizaciones más antiguas.

Luz-oscuridad, amor-odio, generosidad-egoísmo, diligencia-pereza, sacrificio-comodidad, placer-dolor, solidaridad-indiferencia, filantropía-envidia, en fin. A cada virtud humana corresponde un vicio, una tara moral, una corrupción del espíritu que, paradójicamente, es lo que nos hace humanos, lo que nos caracteriza. De lo contrario, seríamos ángeles o viviríamos en esos paraísos utópicos de leyenda, como Shangri-La.

Todos los seres humanos, a menos que se padezca un grave trastorno mental, eligen estar del lado de los valores que representan el bien. Por eso, no tiene ningún mérito expresar eso de “yo creo en la paz”, pues tal virtud no reside en el concepto mismo, en su nominación o expresión, sino en la acción individual o colectiva de los seres humanos, que somos los que practicamos los vicios y las virtudes. Luego, lo que hay que afirmar o negar es si uno cree o no en que la decisión de las Farc, de hacer política por vías pacíficas, sea o no sincera.

Todos queremos la paz, y creemos en ella, en el sentido de que vivir en paz es el estado ideal de todo ser humano, pero a la inmensa mayoría nos cuesta creer en las Farc, porque conocemos de sobra su naturaleza, y muchos no creemos tampoco en el gobierno de Santos –la otra parte de la negociación– por haber traicionado el mandato que recibió de nueve millones de electores.

Una cosa, entonces, es creer en la paz como estado superior de convivencia social, y otra, muy distinta, es creer en las Farc y en que el negociado que traman con Juan Manuel, en secreto, derive en algo similar a la paz. Mucho menos cuando Santos acude al estilo Maduro para sembrar una división social inaceptable con ese artificioso dilema de amigo-enemigo de la paz, con lo que se estigmatiza a quienes no compartimos los términos de la transacción.

Más grave aun es que se firme algo, en cuyo caso tendremos un virus troyano carcomiéndonos por dentro, porque para las Farc la democracia y sus instituciones son solo ‘instrumentos burgueses de dominación de las masas’, y su único propósito es destruir al establecimiento burgués para remplazarlo por la dictadura del proletariado, usando la táctica chavista de tomarse el poder guardando apariencias democráticas.

La semana anterior, las Farc desconocieron al Poder Judicial diciendo que “los tribunales colombianos no tienen el decoro y la competencia (para juzgarlos), porque este ha sido un Estado criminal”, y que el Estado es el que debe pedir perdón, no ellos. Con declaraciones como esas, sorprende que se insista en este sainete.

Tal vez lo más patético de este asunto es que a estas aberraciones Santos las llama “avances”, así la negociación cumpla hoy 203 días sin siquiera haber logrado acordar el primer punto. Además, el Presidente incurre en una notoria contradicción al decir que los enemigos de la paz reculan al pedir paz sin impunidad, como supuestamente la quiere también el Gobierno. Pero a renglón seguido les pide a las Farc que “cambien las balas por los votos y rápido”, como si el Congreso fuera una cárcel o hacer política, un castigo.

Difícil creer en este proceso. Hace 10 años, Guillermo Gaviria y el gran Gilberto Echeverri pecaron de ingenuos creyendo en la no violencia de las Farc, y la no violencia los mató. Por eso, mi aporte (y el de muchos) es dudar, no creo en las Farc y no creo en Juan Manuel Santos.

Fuente: Eltiempo.com

LLegó la hora

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Por: Mauricio Vargas
El lunes 15 de abril, mientras se abría un crudo debate sobre la legitimidad del resultado de las elecciones del domingo 14 en Venezuela, debido a las múltiples pruebas de fraude, la Cancillería colombiana se apresuró a reconocer el triunfo de Nicolás Maduro y a felicitarlo. La ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín, actuaba en ello de manera fiel a la política que ella y el presidente Juan Manuel Santos trazaron desde el 2010, de apaciguar al régimen chavista, que de modo tan agrio llegó a enfrentarse con Colombia en el cierre del doble mandato de Álvaro Uribe.

Días antes, la Canciller se le había atravesado al viaje de una delegación de congresistas colombianos como misión observadora para las elecciones, con lo que el afán de no disgustar al régimen fue llevado al extremo de impedir un elemental ejercicio de vigilancia democrática. Días después de la votación y ante el incremento de las tensiones por las denuncias de fraude, Santos quiso matizar e impulsó un encuentro de mandatarios en Lima, que reconoció a Maduro a cambio de un compromiso de reconteo de los votos.

Fue un pequeño gesto, demasiado pequeño frente a esa mitad de Venezuela que no quiere al heredero de Chávez y que, hace años, creyó ver en Santos a un amigo. Sobre todo porque, días más tarde, el gobierno de Maduro endureció la represión: mientras las autoridades electorales le ponían conejo al candidato opositor, Henrique Capriles, y archivaban la idea de un recuento voto a voto, voceros del gabinete le daban a Capriles tratamiento no de opositor para respetar, sino de criminal para perseguir, y anunciaban que estaba lista una celda para él.

La consecuencia fue el aumento de las tensiones y hasta de la violencia. El más reciente capítulo fue la muñequera entre diputados oficialistas (los más) y legisladores opositores (los menos) en el congreso venezolano. Ni siquiera María Corina Machado, la valerosa líder antichavista, se salvó del ataque. Y Colombia, ¿qué dijo? Casi nada. La misma Cancillería que el 15 de abril voló a reconocer y felicitar a Maduro, apenas se animó el jueves con una tímida condena del episodio.

Quienes defienden el silencio del gobierno colombiano alegan que molestar a Maduro podría tener consecuencias negativas en la mesa de La Habana. Si alguna vez eso fue cierto, hoy ya no lo es. El proceso está en marcha bajo protección cubana, y por nada del mundo los Castro dejarían pasar la oportunidad de ganarse los puntos de actuar como padrinos del final de la guerra de Colombia con las Farc. Es evidente que, en medio de los enormes líos políticos y económicos que afronta, Maduro necesita hoy más a Colombia de lo que Colombia necesita a Maduro.

Santos y Holguín deben saber que están acumulando evidencia de su complicidad con un régimen cuya deriva dictatorial parece no tener reversa. Quizás la Canciller ya no tenga cómo cambiar, por el cúmulo de compromisos que de seguro adquirió con Maduro cuando este era su homólogo. Pero el Presidente, que tiene una dura reelección por delante y para ello debe conquistar a una opinión profundamente antimadurista, sí.

Fuente: Eltiempo.com

Pastrana critica a Santos por complacencia con el chavismo

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En nueva carta del expresidente Andrés Pastrana al presidente Juan Manuel Santos, lo acusa de ser complacente con el chavismo y de apoyar una democaracia frágil al borde de una dictadura. “Ha cambiado el eje de la política exterior para reconocer un gobierno antes de que se cuenten los votos”, afirma Pastrana en su epístola al jefe de Estado.

Para Pastrana, la belicosidad en el debate interno y la ambigüedad en el trato con otras naciones son prueba fehaciente del nuevo rumbo al que ha llegado el conflicto político nacional, liberando a los miembros de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores de las ataduras de la confidencialidad que anteriormente había sido la norma.

“Desde esta perspectiva me ha resultado sorprendente la ruptura de este Gobierno de los requisitos mínimos de legalidad que deben signar las relaciones con nuestra hermana Venezuela”, dice el expresidente conservador en su carta a Santos, en la que también habla de “la ruptura del consenso nacional en materia de política exterior”, en una clara referencia el tema de San Andrés y Providencia en el cual el actual gobierno decidió romper la confidencialidad que había sido política del Estado colombiano.

Recomendada: Roa, la película

Este nueve de abril, 65 años después del magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán, el director de cine Andrés Baiz, estrena su tercera película Roa, una historia basada en la obra literaria de Miguel Torres, llamada El crimen del siglo y que relata el hecho desde la perspectiva de Juan Roa Sierra, el presunto asesino del caudillo liberal.

Con 60 copias será el estreno nacional de la cinta que recrea el Bogotá de mediados de siglo XX, cuando apenas era un pueblo grande y  la seguridad no era precisamente el problema que desvelara a los “cachacos”, quienes entonces se mezclaban entre elegantes gabardinas de origen europeo y las ruanas sabaneras, tan nacionales como el tejo.

Con una inversión que ronda los tres mil millones de pesos, la cinta además de ser dirigida por Baiz también él se encargó de la profunda investigación y guión, junto a la actriz Patricia Castañeda.

El negocio que le salió mal a EPM

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Seis años después de que EPM compró la mitad de Orbitel por 80 millones de dólares, queda claro que el negocio que inspiró la adquisición no funcionó. La Fiscalía investiga.

Sobre el escritorio de un fiscal está un caso de esos que a ningún funcionario judicial le gustaría recibir. Carlos Galán, el zar Anticorrupción, remitió allí los documentos que demuestran el mal negocio que hicieron las Empresas Públicas de Medellín (EPM) cuando decidieron comprar el 50 por ciento de Orbitel, en 2006, por 80 millones de dólares.

El detalle curioso está en que el precio se fijó con base en proyecciones que decían que la tecnología Wimax (internet inalámbrico) sería tan exitosa que para 2011 Orbitel iba a tener 488.985 usuarios conectados. Después de la compra, y de ver que el negocio no despegaba con fuerza, EPM modificó sus aspiraciones y se fijó como meta tener 82.108 clientes al finalizar el año pasado. Pero nada se cumplió. El resultado fue apenas de 18.637.

Lo difícil del caso tiene que ver con sus protagonistas. En él están pesos pesados de la política y los negocios. El alcalde de Medellín y presidente de la junta directiva de EPM era en ese entonces Sergio Fajardo, actual gobernador de Antioquia. Bruce Mac Master, hoy director del Departamento para la Prosperidad Social de la Presidencia, representaba a la firma Inverlink, que hizo el avalúo que dio pie a la compra. Y Juan Felipe Gaviria, gerente de EPM en aquel momento, hoy es miembro de la junta directiva de UNE (que absorbió a Orbitel). Todos ellos estuvieron de acuerdo con la compra de la mitad de Orbitel a los grupos Luis Carlos Sarmiento Angulo y Bavaria, propietarios cada uno del 25 por ciento de las acciones que compró EPM.

Orbitel era una empresa próspera y en sus primeros años dio buenos resultados con telefonía fija. Pero desde 2005 empezó a notarse un descenso. Ese mismo año, el gobierno le otorgó la licencia para Wimax, un sistema de internet inalámbrico. Era como si Orbitel empezara a escribir una nueva historia. La junta directiva de EPM se entusiasmó con la idea y en junio de 2006 aprobó la compra.

Hoy, los resultados no corresponden a las proyecciones que generaron aquel entusiasmo. Seis años después del fracasado negocio, Gaviria explica: “En telecomunicaciones, cuando uno le apuesta a una tecnología, está jugándose el azar y es posible que las cosas no resulten”. Lo que lo convenció en aquel momento fue que el avalúo lo hizo Inverlink, una firma con trayectoria en banca de inversión. “Las valoraciones de las empresas son ciertas en el momento en que se hacen y las circunstancias bajo las cuales se hacen”, dice Gaviria.

Pero la firma mejor calificada fue la que al final de cuentas estuvo más alejada de la realidad. Por el contrario, la Contraloría de Medellín decía en ese entonces: “Hasta el momento Wimax es una proyección interesante de negocio, mas no una realidad comercial establecida porque no hay referentes en el mundo de empresas exitosas que hayan generado valor y riqueza explotando esta tecnología”. En efecto, Wimax fue superado rápidamente por Wifi y los operadores de celular. La Contraloría contrató su propio estudio y encontró que, a lo sumo, EPM debió pagar 33 millones de dólares y abrió una investigación. Al respecto, Gaviria refuta que “si aquí es la Contraloría la que tiene la última palabra, ¿para qué sirven las bancas de inversión, que tienen la experiencia y se la juegan todos los días en el mercado?”.

El caso fue a dar a Bogotá porque, como la Contraloría de Medellín habló del posible detrimento, Fajardo le pidió al entonces contralor general, Julio César Turbay, que llevara la investigación. En Bogotá hicieron un nuevo estudio que, otra vez, dio un precio inferior. “No debería haber superado 66 millones de dólares”, sentenció. Pero llovieron críticas y la Contraloría, después de ajustar variables y cálculos técnicos, estuvo de acuerdo con los 80 millones de dólares pagados. Turbay archivó el caso en 2009.

La Red de Veedurías de Colombia pidió copia del expediente y ha medido la evolución del negocio. “No estuvimos de acuerdo con la decisión de Turbay. Hicimos nuestra propia investigación y hoy podemos decir que el proceso fue mal archivado”, dice Libardo Espitia, de esa veeduría. Lo que ve Gaviria en este caso es una persecución. “Detrás de todo esto a mí no me cabe duda de que hay algún interés político de aquellos que quieren ensuciar al gobernador Fajardo”, dice.

Es evidente que el negocio no resultó. Pero eso no quiere decir necesariamente que hubo mala fe. De un mal cálculo empresarial a una irregularidad penal sin duda hay mucho trecho. Lo que sí está claro (y es una novedad) es que los paisas hicieron un mal negocio.

Fuente: Semana.com

Comienzan trabajos en Vía a Santa Elena

La semana pasada por fin comenzaron los trabajos que buscan solucionar la caída de la banca del kilómetro 6+300 de la vía a Santa Elena que ha tenido con paso a un carril al corregimiento floricultor por más de dos años (Ver artículo anterior). Según informó Juan Carlos Restrepo a El Colombianovocero de la Secretaría de Infraestructura de Antioquia, la Unión Temporal ESI Yacamán 2013 invertirá 1.985 millones de pesos para realizar las obras de mitigación y recuperación de la banca en un tramo de 50 metros lineales, para lo cual tiene un plazo de ejecución de seis meses. Esperemos que cumplan.

Una nota sobre UNE EPM Telecomunicaciones

Por: Luis Guillermo Vélez A.
Desde 2006, año de la escisión, UNE EPM Telecomunicaciones registra un persistente deterioro de sus indicadores de rentabilidad. La declinación de los principales negocios de la Compañía – la telefonía local y la larga distancia, que en 2010 representaban, respectivamente, el 33% y el 21% de sus ingresos – explica en buena medida esa situación. Sin embargo, la evolución de los márgenes bruto y operacional sugiere que los costos directos y los gastos operacionales no se han ajustado a la evolución de los ingresos.

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En los últimos años la estrategia de la Empresa parece haber sido la siguiente:
  • Contrarrestar la declinación de los servicios tradicionales – telefonía básica y larga distancia- mediante el empaquetamiento de éstos con los servicios de internet de banda ancha, televisión y, más recientemente, internet móvil con tecnología G 4. Para esto último pagó US$ 50 millones por una concesión de espectro.  
  • Ampliar el ámbito geográfico de sus operaciones mediante la adquisición de otras empresas, especialmente de pequeñas empresas de televisión por suscripción de baja rentabilidad pero de importancia para la estrategia de empaquetamiento. Directamente y con sus filiales, UNE está presente en las principales ciudades del país donde habita el 70% de la población urbana.
  • Alcanzar la integración operativa, comercial y organizacional de las empresas del Grupo. Esto se realizó plenamente con Orbitel y Emtelsa; pero no ha sido posible con ETP, EDATEL y EPM-Bogotá debido a las elevadas exigencias de los accionistas minoritarios.

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La estrategia descrita no parece haber sido exitosa. A pesar de que la Empresa registró importantes crecimientos en el número de clientes, los ingresos no presentaron un comportamiento similar. De hecho, entre 2008 y 2010 años estuvieron prácticamente estancados. Los costos, por su parte, parecen haberse elevado como lo indica la evolución del margen bruto y el margen operacional.

Dada la escala de sus operaciones, que le impide competir por precios, la estrategia comercial de UNE era la diferenciación de sus servicios buscando que los clientes los valoraran aceptaran los mayores costos en los que necesariamente se incurre para su prestación. Este no parece ser el caso: el crecimiento en el número de clientes – 22% en banda ancha, 60% en televisión y 23% en paquetes, entre 2008 y 2009 – no se vio reflejado en el crecimiento de los ingresos.

En el deterioro en los indicadores de rentabilidad afecta ya el interés del propietario. En 2008 la Empresa entregó dividendos por $ 37.111 millones. A partir de 2009 dejó de entregar utilidades. La aspiración de consolidarse como tercer operador mediante la estrategia descrita demanda ingentes recursos que no pueden ser cubiertos con la generación interna de la Empresa.

La propuesta de fusión de UNE-Telecomunicaciones con Colombia Móvil es una opción plausible aunque parece estar dictada por consideraciones de viabilidad política. Lo más acertado desde el punto de vista económico sería buscar salir completamente de una actividad en la que desde hace mucho tiempo dejó de ser necesaria y conveniente la presencia del capital público. Pero si esto no es políticamente factible, la fusión propuesta, con una negociación adecuada del tema del control, es mejor que no hacer nada. Ojalá el Concejo Municipal lo entienda así y no condene a UNE a un final lánguido como el de Telecom.