¿Por qué no asistió el gobierno de EEUU a la posesión de Santos II?

2357890_g_89e320_imgg
Por: Carlos Andrés Naranjo Sierra
Varios hechos importantes han comenzado a pasar inadvertidos para los grandes medios de comunicación acerca del gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Entre éstos no deja de suscitar cierta suspicacia la omisión del la noticia de la inasistencia, de los representantes del gobierno de Estados Unidos a la ceremonia de posesión del reelecto mandatario colombiano. Ni el vicepresidente, ni el delegado para asuntos latinoamericanos, ni siquiera el embajador estuvo ¿Qué está pasando?

La reciente cumbre de ministros de defensa de Unasur organizada por Colombia, a la que sólo asistieron 4 de los 12 invitados, es una clara muestra de que algo anda mal en las relaciones continentales del mandatario colombiano. No olvidemos que tampoco asistieron a la ceremonia de posesión los presidentes del ala izquierda latinoamericana, a pesar de que la apuesta de Mister Santos I y II ha sido el tema de la negociación con las guerrillas colombianas. Ni a Dilma, ni a Michelle, ni a Cristina se les vió en la posesión. Mucho menos a Maduro u Ortega.

La verdad sea dicha, Correa sí vino. Soportó la ceremonia, se veía en su cara, y se devolvió al instante para Ecuador. Pero una golondrina no hace verano. Otra muestra más de que Mister Santos parece no contar con el suficiente apoyo internacional, es el anuncio de la postergación indefinida del expresidente Samper como secretario general de Unasur. Quienes antes eran sus amigos en el vecindario ahora no quieren salir a jugar con él. Claro, Uribe tampoco contaba con ese apoyo pero sí con el de Mister Bush.

Para algunos el desplante del gobierno de Obama se debe a que Santos está del lado de los Clinton, con los que el presidente norteamericano tiene evidentes rencillas por estos días. También puede ser que ahora Colombia no sea tan importante para el Tio Sam (¿lo ha sido?). Pero lo preocupante es que para otros, es una manera de rechazar la doble cara con la que el presidente colombiano está asumiendo la negociación con las Farc, que Obama apoyó en un principio. Ojalá sea lo primero porque si es esto último es porque el gobierno de los EEUU, que si saben de chuzadas, ya conoce algo muy maluco sobre este proceso y los colombianos apenas lo sabremos dentro de unos meses…

Juan Manuel Santos es reelegido presidente de Colombia


Con una votación cercana a los 7.816.986, correspondiente al 51% de los votantes, Juan Manuel Santos se proclamó ganador de la segunda vuelta presidencial celebrada el día de ayer en Colombia. Su contendor, Oscar Iván Zuluaga, obtuvo una votación de 6.905.001 para un 45% y el voto en blanco se hizo con 619.396 votantes lo que representa aproximadamente el 4% de los sufragantes.

Esta campaña presidencial pasará a la historia como una de las más escandalosas debido a la propaganda negra que se utilizó y los recursos estatales que se pusieron al servicio del candidato presidente por medio de toda la maquinaria electoral y la mano amiga que brindaron otras ramas del Estado, como el poder legislativo, a través de los congresistas de los partidos afines al presidente, y del poder judicial, por medio por la Fiscalía General de la Nación.

El nuevo período presidencial del actual mandatario, arranca lleno de promesas alrededor de firmar un acuerdo de paz con las FARC en La Habana, y con el ELN con quien anunció en campaña que había comenzado negociaciones, de mejorar efectivamente el acceso a la salud, la educación y la justicia de los colombianos a través de nuevas y necesarias reformas que se dilataron durante su primer gobierno y de continuar con el crecimiento económico a partir de otros productos ajenos a la minería y los commodities,

Manifestación Plaza del Sol luego de abdicación del rey Juan Carlos

El rey Juan Carlos de España ha abdicado. La noticia ha tomado por sorpresa al pueblo español luego de que en la pasada Navidad el rey mismo, en alocución televisiva, hubiera desmentido los rumores de una posible renuncia a su trono. Lo que inicialmente se ha planteado como una sucesión tranquila para dejar el trono a su hijo Felipe se ha comenzado a tornar en una serie de manifestaciones populares que piden un referéndum para consultar si se elimina o no el sistema democrático monárquico español, que tanto el Partido Popular como el Partido Socialista Obrero Español han acordado respetar, para pasar a lo que se ha llamado la Tercera República, tal como lo evidencia este reportaje gráfico de GaleriaPolitica.com

Al parecer las heridas después de la guerra civil española no han cerrado. Recordemos que después de la guerra civil española, España vivió 36 años de dictadura militar a través del general Francisco Franco, la cual finalizó con la subida al trono del Rey Juan Carlos y su apertura a la democracia. Para el pueblo español la monarquía tiene cada vez menos popularidad lo cual, por más raro que suene, es crucial para su mantenimiento institucional. Tal vez por eso el rey abdica en favor de su hijo, con la intención de renovar la figura de la realeza española y mantenerla vigente sin calcular los alcances que este movimiento pudiese ocasionar en la institución misma. GaleriaPolítica.como estuvo ayer en la Puerta del Sol y esto fue lo que vimos.

La manipulación de lenguaje en la política


Video sobre la conferencia Cesar Vidal, Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, doctor en Derecho por la Universidad Alfonso X, historiador, escritor y periodista español, sobre el uso de la semántica y el uso del lenguaje en la política, como medio fundamental para manipular la percepción de la opinión popular a través de lo que se conocer como el “doble discurso” o “double talk” donde se dice una cosa pero claramente se hace otra.

El conferencista se basa en los planteamientos Eric Arthur Blair, más conocido como George Orwell, escritor y periodista británico quien curiosamente combatió con las tropas de izquierda españolas contra el General Franco, en los que se anuncia el advenimiento de sistemas socialistas en basados en tres pilares fundamentales para perpetuarse: la escasez, el nepotismo y la manipulación del lenguaje, este último como una de sus piezas fundamentales al enfocarse en los sentimientos y no en la razón.

Señala el autor que afirmaciones como “La guerra es la paz” muy usada por la antigua Unión Soviética o algunos discursas pacifistas, suelen ser una gran arma linguística, en especial cuando se usa para desarmar a la democracia pero nunca a los propios ejércitos. Igualmente en los países de Latinoamérica suele culparse al capitalismo de sus problemas cuando, según el autor, es muy poco probable que en nuestros países haya habido jamás un verdadero régimen capitalista.

En su opinión lo que ha habido en Hispanoamérica ha sido una continuación del sistema Español de riqueza, donde ésta no proviene del talento, de la libre competencia o de la independencia judicial sino del poder político. Haciendo que los nuevos millonarios de nuestras tierras no sean gente con un especial talento o visión sino bastantes cercanos al calor del poder político de turno en una macabra alianza que favorece el círculo de la pobreza para el resto de la población.

 

Facetas desconocidas de los candidatos a la presidencia de Colombia

candidatos Colombia jóvenes
De Juan Manuel Santos

Uno de los datos desconocidos del candidato presidente, es que su matrimonio con María Clemencia Rodríguez Múnera es el segundo para ambos. Juan Manuel Santos estuvo casado primero con Silvia Amaya, hoy productora de cine, y la primera dama, con el famoso publicista Cristian Toro.

Ninguno de los dos tuvo hijos en su primer matrimonio. Cuando ambos se habían separado por sus matrimonios fallidos, se conocieron en un almuerzo que ofrecía Alberto Casas Santamaría en honor de Noemí Sanín, quien acababa de ser nombrada Ministra de Comunicaciones.

Fue un flechazo a primera vista que terminó en matrimonio civil en 1987. Ya casados, la pareja viajó a Estados Unidos gracias a una beca que Santos se ganó en Harvard. A su regreso, la pareja ya esperaba su primer hijo, Martín. Su hijo menor, Esteban, estuvo en riesgo antes de nacer pues durante su embarazo María Clemencia debió estar cuatro meses hospitalizada debido a un desprendimiento de placenta.

Santos es conocido como un hombre muy disciplinado, de hecho, la cualidad que más aprecia en él su esposa. Ya desde adolescente decidió prestar el servicio militar como cadete de la Armada Nacional, en la base de Cartagena, 24 neses que lo marcaron a los 16 años. Luego, como estudiante de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, donde estudió economía y administración de empresas, ya practicaba yoga. Y hoy, a sus 62 y con la agenda apretada como presidente colombiano, saca 40 minutos diarios para hacer ejercicio.

De Enrique Peñalosa
Enrique Peñalosa es un hombre de riesgos. El candidato presidencial se ha ido solo y caminando desde Bogotá hasta los Llanos Orientales, atravesando el páramo de Chingaza. Este urbanista graduado en París, hizo de la bicicleta no solo su sello propio, sino familiar. Coherente con su convicción ecológica e ideológica de igualdad, el 90% de sus salidas las hace en bici.

Su ejemplo lo siguen sus hijos. “Renata, de 27 años, nunca ha tenido carro, aunque le dimos para que lo comprara, ella prefirió ahorrar. Y Martín que ya tiene 17, ni se ha mosqueado en sacar el pase”, dice Liliana Sánchez, esposa del candidato a la presidencia por la Alianza Verde.

Ahora que Renata se inclina por la naturaleza y Martín es más citadino, Peñalosa acordó con su esposa que compartirían tiempo por separado con cada uno de ellos: así es como ha visitado los parques naturales de Kenya, Canadá y muchos de Colombia con Renata. Y a Martín se lo lleva a los países donde lo llaman a dictar conferencias de urbanismo.

Entre los planes preferidos del aspirante al Solio de Bolívar, está ir a cine. De hecho en París, quiso hacer otro en dirección de cine, pero no tuvo recursos, así que dice que en otra vida lo hará. Como dato curioso es autor del guión de Amándote, telenovela de Punch Televisión, programadora de la que su familia era socia. A Peñalosa le gusta todo tipo de música, pero para escuchar porque él es poco bailarín y, según su propia expresión, tiene más ritmo un eucalipto sabanero que él.

De Martha Lucía Ramírez
Martha Lucía es una mujer tranquila pero también es estricta, rigurosa y perfeccionista. “Es muy especial con nuestra hija, María Alejandra, conmigo, con sus padres, con sus hermanos, con los míos, con quienes tiene a su alrededor”, dice su esposo Álvaro Rincón.

Su familia la describe como muy cariñosa e incansable. De 16 años ya ayudaba a sus padres, el ingeniero Álvaro Ramírez y Alba Blanco Venturoli (de ascendencia italiana) y a sus tres hermanos menores, con los gastos escolares trabajando como modelo, haciendo tarjetas de invitación o dando conceptos jurídicos.

Amante de la cocina, ella prepara comida italiana, le encanta el sushi y ha tomado cursos de cocina japonesa. Uno de los placeres de la candidata del Partido Conservador es viajar con su esposo. Sea Nueva York o Madrid, se las recorren a pie, van a restaurantes, a obras de teatro y conversan de las ilusiones y sueños, como el de ser Presidenta de la República que se forjó hace 35 años. O van un fin de semana a caminar y a conversar por las veredas de Boyacá, o a Cartagena a tomar un trago y bailar música caribe y boleros, sus preferidas. Y si están en casa, pueden pasar horas leyendo, cada uno a su gusto, al calor de la chimenea.

De Óscar Iván Zuluaga
Un detalle insólito del aspirante por el Centro Democrático es que en su juventud tuvo simpatía por el Deportivo Cali, cuando este quedó campeón. Pero después Óscar Iván Zuluaga mostró también su afecto por el Once Caldas y ahora sigue a ambos equipos.

Su familia describe a Zuluaga como un hombre muy tranquilo, pero que no le gusta cuando le mueven algo de su puesto. “Por ejemplo, si los hijos se le toman prestada la máquina eléctrica de afeitar o el cargador del celular, pregunta molesto porque él es muy organizado, pero no se pone de mal genio”, dice su esposa Martha Ligia Martínez.

Como uno de sus hijos toca piano, y su padre disfruta de la música clásica, pero también de cantantes románticos como Franco de Vita. Si sale a bailar con su esposa, les encanta el merengue, la salsa y como buen caldense de ancestro paisa, le fascinan los tríos y los tangos.

“Él sueña con aprender a bailar tango, nunca ha podido encontrar el espacio, es un pendiente que tenemos los dos”, dice su esposa. Su familia lo describe como una persona muy sencilla que vive la vida normal como cualquier colombiano y que sabe que los deberes en la casa son compartidos. Puede que no se le mida a la cocina, pero si le van dando instrucciones, él colabora.

Zuluaga, como buen economista, ayudó a su padre, Ovidio Zuluaga, a consolidar su empresa familiar, Acesco. Hombre de números, enseñaba desde aritmética a campesinos en Pensilvania, su municipio natal, en su época de juventud, hasta matemáticas financieras en prestigiosas universidades del país, cuando ya era un economista consagrado.

De Clara López
Es economista de Harvard y abogada de la Universidad de Los Andes, Clara Eugenia López Obregón, es la candidata que ha roto con los paradigmas que le reservaba su origen social, como nieta del expresidente Alfonso López Pumarejo y sobrina del expresidente Alfonso López Michelsen.

La candidata del Polo fue novia de Álvaro Uribe y renunció a la comodidad de un matrimonio con un alto ejecutivo canadiense, con quien estuvo casada tres años, para dedicarse a la vida política, primero en el liberalismo, pero siempre dando un paso a la izquierda. Luego se identificó con el nuevo liberalismo de Luis Carlos Galán y finalmente a la izquierda de la UP y ahora el Polo Democrático.

Fue en ese trasegar de la lucha social que conoció al ex militante del M-19, Carlos Romero Jiménez, un izquierdista formado en el partido comunista de Argentina y líder determinante en la consolidación del Polo Democrático Alternativo. Esta unión con un hombre de izquierda, trigueño, de origen costeño, samario para más señas, despertó todas las críticas de la sociedad bogotana, a las que Clara no hizo caso.

Incluso, alguna vez les pidieron abandonar un reconocido club bogotano a donde ella lo había invitado, por no ser bienvenidos. Clara prefirió renunciar al club, pero no al amor de su vida, que tras 29 años muestra una estabilidad que envidiaría cualquier matrimonio. Ella no tuvo hijos, pero los cuatro hijos de Romero, ex esposo de una hermana de Jaime Bateman Cayón, hallaron en ella un gran apoyo, en especial, Federico, el menor, quien comparte mucho en la casa de ellos.

Fuente: Elpais.com.co

La soledad de América Latina


Se pueden compartir o no las posiciones políticas de Gabriel García Márquez pero es difícil disentir sobre las virtudes de su mágica prosa. A propósito de su muerte el pasado jueves 17 de abril de 2014, publicamos su famoso discurso ante la Academia Sueca de las Letras, quien en el año 1982 le distinguió con el Premio Nobel de Literatura y de paso puso a Colombia en el mapa del mundo a través del realismo mágico. Un pequeño homenaje a uno de los grandes de la literatura y un agradecimiento eterno por sus letras.

“Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación.

Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro.

Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda.

No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo.

Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares.

Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos.

La interpretación de nuestra realidad con esquemas amends sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo. América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: “Me niego a admitir el fin del hombre”. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica.

Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos.

Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias”.

Hoja de Vida José Andrés Areiza, Senado 2014

foto2

Partido político: Cambio Radical
Cargo al que aspira: Senado
Número en el tarjeton: 54
Formación académica e instituciones: Administrador de Empresas  de la Universidad Javeriana, Máster en Comunicación, Universidad Complutense de Madrid, Máster en Marketing, Universidad Autónoma de Barcelona
Ideología política: Centro
Palabras o términos fundamentales: Jóvenes por el Cambio, Educación, Justicia, Equidad, Respeto y Tolerancia.
Creencias religiosas: Católico
Estado civil: Soltero
Número de hijos: Ninguno
Lugar de nacimiento: Bogotá
Año de nacimiento: 1983
Cargos públicos ocupados en los últimos años: Ninguno
Cargos privados ocupados en los últimos años: Experiencia a Nivel Nacional e Internacional en las áreas de Gestión Comercial Y Marketing empresas (Millward Brown Barcelona, Banco de Bogota)
Propuesta general: Educación de Calidad y de Fácil Acceso para todos por igual, debe ser la base primordial de la Sociedad Colombiana, donde el Estado colombiano garantice por medio de recursos propios su financiación, y esta sea considera una inversión y no un gasto.