Colombia y el mundo marchan contra el secuestro


En nueve países del mundo se desarrollan en este momento marchas por la libertad, motivadas luego de que se conoció el fusilamiento de varios secuestrados a manos de la narcoguerrilla de las FARC, y a quienes tenían privados de la libertad desde hace más de una década.

Cinco ciudades de Estados Unidos, otras en España, en Canadá, Ciudad de México, Panamá, Lima, Bruselas, Dublín y París se han unido a las voces de rechazo al secuestro por medio de sus propias marchas.

Alfonso Cano

Por: Antonio Sanguino

Es un golpe brutal para las Farc. Por vez primera, en lo que va del conflicto, el Estado colombiano da de baja al máximo comandante de esta organización insurgente. El impacto en la moral de las tropas guerrilleras debe ser devastador.

Hemos conocido los detalles de la operación militar. Se ha dicho que su principal error fue haber abandonado ¨el Cañón de las Hermosas¨ su zona de refugio por varios años. Que fue clave el trabajo de inteligencia. Que la información entregada desde dentro de la guerrilla ayudó a detectarlo con precisión.  Y que, de nuevo, el poder aéreo de las Fuerzas Armadas se reveló como un factor decisivo en el éxito de la operación.

Todo eso puede ser cierto. Pero me queda la sensación de que el principal culpable de la muerte de Cano es él mismo. Su ¨terquedad¨ como lo dijo Roberto Sáenz, su propio hermano, en un reciente relato que hizo para El Espectador. Aunque no era solo un asunto del carácter de su personalidad. Era la rigidez mental proveniente de una formación política cargada de dogmas y sobreideologizaciones.

Y cometió un verdadero error de contexto. Error que para un marxista es imperdonable. Porque Cano murió convencido de que ingresaría a la galería de la historia al lado de El Che o del cura Camilo. No advirtió que la guerra revolucionaria de aquellos o en la que ingresó desde muy joven, terminó convertida en un conflicto degradado que ha violado todas las fronteras éticas. Degradada por cuenta del terrorismo, el secuestro y el narcotráfico. No entendió que su oportunidad no estaba en esa guerra éticamente devaluada. Que su ingreso a la historia dependía de su liderazgo para poner punto final a la confrontación armada y contribuir en la construcción de la paz. No entendió que es ese el heroísmo que reclaman estos tiempos.

Algunos ilusos han dicho que por su perfil político, la muerte de Alfonso Cano es un golpe a las posibilidades de paz con las Farc. Quisiera equivocarme, pero quizás hoy estemos más lejos que nunca de un acercamiento para un proceso de paz con esta organización. Iván Márquez, Timochenco o Catatumbo constituyen una generación que junto a Cano ingresó a la guerrilla luego de su paso por la militancia comunista y por la desaparecida ¨Cortina de Hierro¨. Una generación que aún no se ha dado por enterada de la caída del Muro de Berlín. Una generación refractaria a los cambios.

Por ello Cano esquivó la paz. Jugó un papel bastante discreto en el proceso de diálogo entre las Farc y el gobierno Betancur. Dirán que no tenía el suficiente mando para incidir. Pero hizo gala de un maximalismo inviable cuando acudió a  las rondas de diálogo de Caracas y Tlaxcala. En el Caguán, a cambio de empujar la negociación se dedicó más bien a la organización del clandestino Movimiento Bolivariano. Y ahora, cuando, en su calidad de Comandante de las Farc pudo darle un giro al conflicto y hacerle una oferta de paz al gobierno Santos, escogió de nuevo la rigidez del dogma que lo condujo a la muerte.

Fuente: KienyKe.com

En intento de rescate las FARC asesinan a cuatro secuestrados


En un operativo militar, realizado en la mañana del día de hoy, que buscaba rescatar a miembros de las Policia Nacional que llevaban secuestrados más de una década, fueron asesinados por la guerrilla de las FARC el sargento Libio Martínez, el mayor Elkin Hernández, el coronel Édgar Duarte y el intendente Álvaro José Moreno. Los cuerpos sin vida tenían impactos de bala en la cabeza, el otro en la espalda, indicó el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón.

Ejército colombiano abatió al jefe máximo de las FARC

En una operación que llevaba ejecutándose poco menos de un mes, pero cuyos orígenes se remontan a años anteriores en los que el Ejército colombiano fue desplazando a Guillermo León Sáenz, alias Alfonso Cano, del cañón de las hermosas, donde habitó por más de 30 años, hacia espacios menos conocidos y donde tuviese menos apoyo de la población del lugar, fue dado de baja el cabecilla.

Dos perros que acompañaban a Cano, un labrador y un criollo, delataron la presencia del jefe subversivo después de llevar más de 10 horas escondido entre la maleza. El cadáver del heredero del cargo de Manuel Marulanda, alias Tirofijo, fue trasladado a Popayán, su ciudad de origen, donde se espera que lo reclamen los familiares. A Cano se le acusa de ser el autor intelectual, entre otras operaciones, del secuestro de los diputados del Valle y del atentado al Club el Nogal en Bogotá.

El resurgir de las FARC es ya un hecho innegable

Por: Andrés Mejía-Vergnaud*

Si todavía a alguien le cabía alguna duda, los ataques de las FARC sucedidos a finales de la semana pasada deberían ya dejar en evidencia que, contra lo que con terquedad ha venido afirmando el gobierno, el resurgimiento de la guerrilla es una tendencia que los hechos presentan como indudable. Iniciada la administración Santos, observamos lo que aparentaba ser un incremento de las acciones de la guerrilla, en particular de aquellas en las cuales las FARC lograban éxito en varios objetivos tácticos. La respuesta oficial consistió en desestimar el fenómeno, argumentando, en primer lugar, que las acciones observadas eran del tipo de guerra de guerrillas, muy alejadas de los combates de guerra cuasiregular que llegó a presentar la guerrilla a finales de los noventa, en su cénit estratégico. En segundo lugar, el gobierno quiso convencernos de la absurda tesis según la cual lo que estos ataques mostraban era debilidad de las FARC, una especie de reacción desesperada ante la ofensiva militar. Vistos los hechos de la última semana, analizadas sus características, y entendidos en el contexto de los últimos meses, ambas explicaciones del gobierno son por completo insostenibles.

Basta leer la frase con la cual El Espectador abre su informe sobre el ataque de Tumaco: “Similar a las incursiones guerrilleras que se presentaron en el país hace quince años…” La comparación es acertada: el ataque de Tumaco no fue la acción de esa guerrilla debilitada en la cual pretende el gobierno que creamos; no fue una desesperada maniobra de quien lanza unos morteros y unos disparos, y corre a refugiarse en el monte: fue por el contrario un ataque contundente, bien ejecutado, y sobre todo, propio de un fuerza dotada de recursos tácticos significativos. Sugiere además la defensa de un territorio que se controla efectivamente. Corrió el gobierno a decir que hubo errores tácticos: es posible. Pero eso por sí solo no explica toda la dimensión del asunto: pudo haber un error –no me consta–, pero si lo hubo, la guerrilla tenía la fortaleza suficiente para aprovecharlo.

Pero entre todas las victorias que tristemente han obtenido las FARC en el último año, la mayor de ellas no es producto de sus acciones, sino que es una derrota que su adversario, el Estado, se ha autopropinado: fue el abandono de la iniciativa militar y estratégica en la lucha contra la guerrilla. Si algo ha caracterizado a la administración de Santos ha sido una negligencia radical en este tema: la cuestión de la guerrilla ha caído bien abajo en las prioridades de la administración. Incluso las apariencias son desconcertantes: como me decía un amigo la semana pasada, a Santos se le ve más preocupado por resolver el conflicto palestino que por atender la ofensiva de las FARC. Hace mal el Presidente en reprender a las Fuerzas Militares, como lo hizo ayer, por los reveses de la semana pasada: él es el principal responsable; han sido su falta de liderazgo, y su deficiente identificación de prioridades, lo que ha permitido este resurgir de la guerrilla, el cual, como decíamos, es a la luz de los hechos ya innegable.

*Director Académico del Instituto de Ciencia Política