Caricaturas candidatos 1986 Colombia


Dicen que recordar es vivir. Nos encontramos en nuestros archivos estas ilustraciones de Ricardo Betancur, en El Colombianito, publicadas el miércoles 5 de marzo de 1986, de los tres candidatos a la presidencia de Colombia en 1986, que finalmente ganaría Virgilio Barco

La transformación de Hollande, una lección para todo candidato


La última vez que Francia eligió a un presidente, Francois Hollande era un gordito simpático al que comparaban con un flan, segundón de Segolene Royal, la candidata de su Partido Socialista y la madre de sus cuatro hijos.

Ahora que es el candidato del partido y está al borde de un triunfo electoral que nadie esperaba, aparece con una figura esbelta, la apostura de un estadista, el gesto severo y el futuro promisorio de quien supo manejar un debate arduo con un aire que sólo cabe calificar de presidencial.

Hollande todavía debe vencer al presidente derechista Nicolas Sarkozy en su desempate el domingo, pero aún si pierde, a pesar de lo que vaticinan las encuestas, su transformación pasará a la historia como notable.

En un acto electoral coreografiado a la perfección el jueves frente a una puesta del Sol en el sur de Francia, Hollande dijo confiado que está “preparado para gobernar el país”.

Son palabras ambiciosas en boca de alguien de quien un camarada socialista dijo que era blando como una fresa. Otros lo llamaron melcocha. Un popular programa satírico de títeres, Les Guignols de l’Info, lo mostró como un flan, un tonto incapaz de decidirse.

Como jefe del Partido Socialista en 1997-2008, era considerado un simple vocero de dirigentes más vigorosos y dinámicos. Bajo su conducción, el partido estuvo a punto de desintegrarse.

Cuando los socialistas se preparaban para las elecciones de 2007, la popularidad de su compañera sentimental Royal era abrumadoramente mayor. Una encuesta le dio a ella 42 puntos; a él, 12. Lo llamaban “monsieur Royal” y la relación se deterioró.

Durante toda la presidencia de Sarkozy, Hollande se mantenía en la sombra como posible oponente.

Sin embargo, los socialistas querían otro candidato: Dominique Strauss-Kahn, el entonces jefe del Fondo Monetario Internacional. Cuando los escándalos sexuales pusieron fin a la carrera de Strauss-Kahn, el viejo Hollande reapareció, pero con un nuevo aspecto.

Hizo dieta y perdió la panza. Cambió las gafas redondas de profesor amable por otras cuadradas y sin marco.

Sus promesas de ser un presidente “normal” resonaron en una población temerosa por su futuro. Aparecieron oponentes más carismáticos, pero fueron arrollados por la campaña lenta y segura de Hollande.

El miércoles, la transformación lució total.

En un debate televisado con Sarkozy —un hombre de lengua afilada que se dice había amenazado con “atomizar” a su oponente— Hollande se mantuvo firme. Para cada ataque tenía una respuesta. Los dos se quitaron los guantes y no hubo perdedores.

“Nadie conocía de veras a Francois Hollande, nadie sospechaba su fuerza. Adicionalmente, la descubrieron”, dijo Serge Raffy, autor de una biografía de Hollande, a The Associated Press el jueves.

En el último acto electoral de Hollande, el jueves, en Tolosa, el jubilado Daniel Troupeau estuvo de acuerdo: “Frrancois Hollande estuvo a la altura. Estuvo en general muy agresivo, pero supo cuando responder. Tuvo la apostura de un gran presidente”.

Conocido por su sentido del humor, Hollande bajó el tono cómico y elevó la agresividad de la campaña.

En Tolosa, aludió con sarcasmo a la “modestia, moderación y discreción” de Sarkozy en el debate y entonces elevó las manos para exclamar: “¡Ustedes arrancarán la victoria de manos de la derecha para ofrecerla a todo el pueblo!”

Fuente: Dinero.com

Nuestras claves para los candidatos primerizos, en TeleMedellín

Video de TeleMedellín sobre las recomendaciones de Carlos Andrés Naranjo-Sierra, director de GaleriaPolitica.com, sobre las 7 claves publicitarias para los candidatos primerizos.

Carlos Andrés Naranjo-Sierra, asesor en marketing político


Psicólogo de la Universidad de Antioquia y publicista de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha sido docente de Pensamiento Estratégico, Historia y Estrategia de Campañas, Arte y Cultura y Comunicación Visual, en las Universidades: Pontificia Bolivariana y de Medellín, el Instituto de Artes, el Cesde y Asomercadeo. Actualmente realiza estudios de especialización en Ciencias Políticas en la Universidad EAFIT. Más información en Linkedin

Detrás de un candidato hay un hacedor de votos


Por: Laura Victoria Botero

Faltan ocho meses y medio para las elecciones y pasa lo propio de esta época: en medio de alianzas que se configuran -o desconfiguran- los precandidatos están armando sus equipos de trabajo.

La mayoría se rodea de sus amigos. Algunos optan por seleccionar gente afuera de su círculo más cercano y llaman a profesionales que se destaquen en un oficio particular.

Otros, pocos, están buscando una figura integral. Alguien que no solo sepa de mercadeo, sino que tenga dominio de medios, que sepa entender la opinión pública, interpretar una encuesta, comunicar un plan de gobierno. Alguien que logre poner a su jefe en boca de todo el mundo y que eso, a la postre, se convierta en votos.

A eso se dedican los consultores de campaña. Ellos no esperan cuotas burocráticas. Ellos esperan que su cliente gane, para ponerle estrellas a su propio currículo.

Colombia está llegando tarde a esta tendencia. Lo que en Estados Unidos ha sido casi un principio de la democracia, en el país es solo una tímida práctica con aciertos y costosas equivocaciones.

Así lo plantea Juan José Rendón, el controversial consultor que acompañó la campaña de Juan Manuel Santos. “Hay una generación de muchachos que están aprendiendo y serán muy buenos en el futuro. Por ahora, en Colombia hay tres esquemas de asesoría. Están las empresas transnacionales que trabajan lo que se conoce como asuntos públicos y han migrado a la consultoría política. Después están algunas agencias de publicidad que realizan campañas estacionalmente, eso hace que el enfoque de la campaña sea eslogan, afiche, foto, frase”.

Y luego, dice Rendón, están los estrategas o consultores de campaña. “El consultor tiene que volar mucho, estudiar mucho, absorber culturas muy rápido. Adaptarse a la idiosincrasia de cada país o región. Entender encuestas, tener capacidad de síntesis, ser ecuánime en la toma de decisiones. Debe tener una energía particular para manejar situaciones de estrés muy alto y tiene que saber establecer relaciones de mucha confianza, no solo con su jefe, que es el candidato, sino con el resto del equipo de campaña”.

Este experto afirma que todo el esquema de comunicación de una campaña es apenas 10 por ciento del esfuerzo general de la misma. “Puede haber un gran esfuerzo comunicacional sin lograr un efecto positivo. Por eso, un consultor debe involucrarse en los procesos de organización de la campaña, de ver cómo se despliega la militancia, las fuerzas. Debe estar atento a la motivación de los del equipo y de su candidato con la gente. Después, debe asegurarse de que esas personas puedan argumentar la idea del candidato desde la mesa de comedor de su casa y por último logre movilizarse el día de la elección”.

Empaparse de realidad
Andrés Segura, coordinador del diplomado de marketing político de la Universidad del Rosario, explica que esta figura será muy importante en la contienda de 2010, sobre todo en las ciudades y los departamentos más grandes.

“El consultor debe tener en cuenta todos los escenarios para calcular cómo llegarle a la gente y ganar las elecciones. No basta con el publicista que sabe comunicar una idea o hacer afiches bonitos. Tampoco puede ser alguien estrictamente político porque tiene que saber de comunicación y de cómo se llega a la gente. Su trabajo es articular variables y hablarle al oído al candidato. Esa persona tiene que saber qué está pasando en coyuntura, tener en cuenta el historial político de su candidato”.

Para el analista de la firma Política y Marketing, Carlos Andrés Pérez, aunque la publicidad y las comunicaciones cumplen un papel determinante a la hora de dar conocer el mensaje de la campaña, están al servicio de los temas que motivan la gente a votar. “Por ejemplo en 1998 la gente quería un proceso de paz con la guerrilla y en 2002 fue la mano dura lo que la sacó a la calle el día de la elección. La diferencia entre hacer una campaña con estrategia y una que sigue sólo las costumbres tradicionales, es que en la primera se ponen en marcha mecanismos para saber qué piensan las personas que podrían votar por el candidato en un momento dado y a partir de ahí se estructura el trabajo”.

La política, dice Andrés Segura, ya no se hace con lechona, cerveza y promesas al vacío. “La gente está más preparada y no admite equivocaciones. Hoy los electores, incluso aquellos en las áreas rurales, se toman el trabajo de pensar en qué es lo que más les interesa”.

Los medios han contribuido a ello, las malas experiencias del pasado también enseñaron que las decisiones políticas son determinantes para el futuro. Y esto no es lo que se conoce como voto de opinión, se trata de llegarles a los ciudadanos con una estrategia posible que ataque los problemas más agobiantes. Todo eso lo tiene que interpretar el consultor si quiere conseguir votos.

Contexto
Bajo perfil, carta de presentación
Si el candidato sube en las encuestas y la gente repite su nombre, el estratega se da por bien servido, así nadie sepa quién es el artífice de ese logro. El bajo perfil es regla en este oficio. Lo explica el analista Carlos Andrés Pérez. “Los consultores deben jugar un papel muy discreto en una campaña; es más, desconfío de los que se publicitan más a sí mismos que a los candidatos que asesoran, esto último -sin duda- le genera problemas a la campaña y al aspirante. Son más efectivos los asesores anónimos especializados en temas específicos que los estrategas faranduleros, por eso creo que los jugadores importantes no se dan a conocer ya que no es normal mantener un perfil alto en esta profesión”.

Fuente: Elcolombiano.com

El precio de la arrogancia en la propaganda política


Por: Carlos Andrés Naranjo-Sierra

Dicen que en política, nada está escrito. Posiblemente. Pero no se podrá negar que dependiendo de la habilidad para interpretar el sentir de la gente y el uso que se haga de los recursos, se facilita o dificulta el triunfo de un candidato y en consecuencia, la práctica de las ideas de su movimiento político. Ya los griegos lo habían entendido hace siglos a través de la retórica, pero parece que nosotros aún no. Para la muestra, nuestras campañas presidenciales.

Para comenzar hay que decir que se aprobaron $14.000 millones para todas las campañas, excepto para la del candidato-presidente Uribe, a quien sólo se le aprobaron una partida de $10.000 millones, de los cuales el fisco nacional puso cerca de $5.000 millones para cada una. Adicionalmente se hizo un anticipo aproximado de $1.200 millones a cada partido, por reposición de votos, de acuerdo la votación obtenida por sus candidatos a Senado y Cámara y por la representación que tienen los movimientos en las corporaciones públicas. Adicionalmente, antes de elecciones, se hizo un anticipo aproximado de 1.200 millones de pesos a cada partido, por concepto de reposición de votos, a partir de la proyección de la votación obtenida por sus candidatos a Senado y Cámara y por la representación que tienen tales movimientos en las corporaciones públicas. Por lo tanto, no podemos decir que fue la falta de presupuesto lo que impidió que los candidatos contaran con un buen grupo de asesores en marketing político.

La campaña de Carlos Gaviria comenzó con un eslogan coherente y consistente: “Construyamos democracia, no más desigualdad”, pero conforme fue pasando el tiempo comenzaron a aparecer frases alternativas, más parecidas al título de una canción de tango o de Dario Gómez, que a un lema de campaña: “Somos mucho más que dos”, una frase excelente para una poesía de Benedetti, pero no para una campaña presidencial. Luego vino el “¡Uy no!” y el comercial de Uribe dándole la mano a Gorge W. Bush, aprovechándose por un lado del logo del partido de la U y por el otro de la creciente imagen desfavorable del primer mandatario estadounidense. Una forma de publicidad negativa bastante recurente en estos casos pero muy extraña para un candidato que supuestamente se precia del valor de sus propias propuestas. Para las entrevistas en televisión se escogió como sede a la biblioteca del candidato, quien de vez en cuando se dejaba pillar leyendo un grueso libro, remarcando así su aire de intelectualidad. Se pautaron avisos “de expectativa” en prensa, que mostraban a unos personajes diciendo “Yo no elegí quedarme sin trabajo” o “Yo no elegí arruinarme con el TLC” dejando los mensajes en el aire sin que el lector pudiera saber sin equívocos, quien los remitía. Sólo unas semanas después se les dio cierre mostrando quien emitía el mensaje pero ya era demasiado tarde, el proceso de completación no se había hecho en el momento oportuno. Al final ni la simple imagen circular del logo del Polo se salvó pues fue desdibujándose en las piezas publicitarias hasta aparecer sólo un detalle.

¿Qué decir de la campaña de Horacio Serpa? La de Gaviria (Papá Noel) al menos tenía una idea, comunicada con bastantes problemas de direccionamiento, pero al fin y al cabo una idea. La de Horacio Serpa parecía en cambio, caminar sin rumbo fijo. Se fue por lo general, tratando de no comprometerse mucho ni por un lado ni por el otro. “Serpa el presidente de todos” rezaban sus anuncios. Luego aparecía el candidato en televisión diciendo: “Yo insisto en lo que usted insiste” ¿Qué quiería decir con eso? ¿Si yo insistía en la reelección de Uribe, entonces él también? Ese es el problema de no comprometerse con una idea clara e irse por las ramas con propuestas publicitarias que tratan de darle gusto a todos, pero que al final terminan no diciendo nada más que las mismas promesas de siempre. Para parafrasear al propio Serpa, su campaña no fue “ni chicha, ni limonada”.

Las campañas de los demás candidatos se fueron desvaneciendo con el tiempo, ante la falta de generación de noticias propias y el protagonismo de los punteros en las encuestas, si es que se puede llamar punteros los demás condidatos cuando uno de ellos aventaja a los demás por más del doble. Sin embargo cabe resaltar la mejoría de la estrategia de comunicación de Mockus que por fin comenzó a encontrar un lenguaje menos complejo para el común de la gente, lo que sumado a su excepcional mesura parecen augurarle un buen futuro en la política nacional aunque sus Visionarios haya desaparecido como movimiento por no alcanzar el umbral electoral.

Finalmente, la campaña publicitaria de Uribe fue discreta en principio. No mostró la imagen del presidente en comerciales ensalsando su propia gestión sino hasta el final. Más bien dejó que aparecieran colombianos del común haciéndolo. Es más creíble cuando habla un tercero y hace más difícil de atacar el argumento por parte de las demás campañas. Evitó participar en debates donde estuvieran presentes a la vez los demás candidatos, lo que causó malestar en un amplio sector de la opinión pública pero hay que reconocer que de haberlo hecho, los debates se hubieran reducido, aún más, a lanzar ataques contra la gestión del actual gobierno. Cuatro contra uno es una desproporción de fuerzas difícil de combatir en un programa radial o televisivo. Pero una cosas es decidir no asistir y otra aceptar la invitación y declinar a última hora. Esta última alternativa le salió cara al presidente candidato que se dió cuenta de su error y decidió asistir días despues, pero el daño ya estaba hecho. Habrá que analizar en futuras ocasiones aquel principio electoral de que el que va ganando en las encuestas no asiste a los debates y el que va de último ni siquiera es invitado.

La campaña del presidente introdujo un lenguaje cotidiano, casi callejero (en el que paradógicamente tiene más experiencia la llamada izquierda), para apoyar la reelección del presidente, bajo una consigna breve y contundente: “Adelante Presidente”. No hubo las famosas vallas de las campañas políticas. La táctica se centro en la publicación de afiches que parecían diseñados por novatos. Algunos parecían hechos en stencil, otros graffitis y otro más, simples fotocopías. Unos cuantos comerciales de televisión, cuñas radiales y la intervención diaria de Álvaro Uribe desde el atril de Primero Colombia bastaron para generar el efecto deseado: El pueblo está con Uribe.

Al final de la contienda los resultados hablaron por sí solos. Siete millones trescientos mil votos para Uribe, dos millones seiscientos mil para Carlos Gaviria, un millón cuatrosicentos mil para Serpa y a los demás candidatos les ganó el voto en blanco. Estas cifras mostraron que por un lado Carlos Gaviria le ayudó a Uribe puyando a sus simpatizantes para que no se descuidaran en medio de aires triunfalistas y se movilizaran masivamente a votar, y a su vez Uribe también ayudó Carlos Gaviria ya que muchos de los votos del Polo, más que de seguidores de la izquierda, fueron de antiuribistas que encontraron en el candidato del partido amarillo, la alternativa de poder que ni el Partido Liberal Colombiano ni los demás partidos lograron representar.

Por su parte, los discursos de los candidatos vencidos aceptando su condición, dejaron mucho que desear. Eran oportunidades extraordinarias para asumir con altura la derrota y allanar el camino para las nuevas caras que vendrán en sus partidos. “Venció pero no convenció” comenzó diciendo Horacio Serpa al aceptar el triunfo de Álvaro Uribe. Una frase desafortunada para un candidato que se ha lanzado tres veces a la presidencia y en ninguna ha terminado de conver. En la democracia, a diferencia de otro tipo de contiendas, efectivamente vence el que convence a las masas aunque sus argumentos no sean los más académicos.

“La silenciosa derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece” dijo a su turno Carlos Gaviria, mientras en el público sus seguidores gritaban arengas en contra del nuevo presidente de los colombianos. Al escuchar hablar al exmagistrado de la Corte Constitucional, daba la impresión de que lo importante no era tanto el reconocer la importancia del crecimiento del movimiento politico al que representaba, sino el oponerse y descalificar vehementemente la elección de millones de colombianos. Tal como lo dijo Jaime Restrepo Cuartas, exrector de la Universidad de Antioquia y representante a la Cámara por el partido de la U: ”Fuimos siete millones de colombianos los que respaldamos la gestión del presidente Uribe, fuimos mucho más que dos”.

Antanas Mockus habló en un tono más acorde con la situación, mostrándose sereno ante la derrota. Aunque al final pareció seguir echándole la culpa de sus recientes descalabros electorales a los electores mismos que no entienden su estrategia de comunicación basada en la argumentación: “No a la publicidad, si a la política” dijo, como si los dos conceptos se opusieran y hubiera que desterrar de la vida del homo sapiens a las emociones y los sentimientos. No deja por demás de ser extraña esta frase, viniendo de un pedagogo que no ha hecho otra cosa que valerse de los mimos, los disfraces, el teatro y los símbolos, para construir su capital político.

Para concluir, queda la sensación de que los que triunfan, no lo hacen necesariamente gracias a los mayores recursos o al poder que tienen, sino a la humildad de reconocer que no se las saben todas, que cada labor tiene sus propias complejidades y que necesitan asesorarse bien a la hora de emprender una empresa de la magnitud de una campaña política, con todas las implicaciones sociales ésta tiene para el futuro de una nación. A algunos podrá parecerles todavía que la publicidad es un asunto superficial, banal, prosaico o hasta despreciable, que no merece mayor cuidado. Ese es el precio de la arrogancia.