



La conversación entre Nacho López, director de la primera mesa de opinión de Antioquia, y Carlos Naranjo, candidato al Senado de la República con el número 92 de Ahora Colombia, no es una entrevista más. Es un viaje a la memoria reciente del país y, al mismo tiempo, una alerta sobre lo que está pasando hoy. Ambos se remontan a finales del siglo pasado, cuando la alianza entre política y narcotráfico sumió a Colombia en una de sus etapas más oscuras. Una época en la que crecer significaba aprender a convivir con el miedo, los atentados, las noticias de jóvenes asesinados y un futuro siempre en duda.
Carlos Naranjo habla de ese tiempo no desde la distancia del analista frío ni desde el privilegio del político tradicional, sino desde la experiencia de un colombiano del común. De alguien que vivió esa realidad, que vio cómo a toda una generación le arrebataron oportunidades y sueños en medio de una confrontación absurda que no dejó vencedores. Naranjo no se presenta como un salvador ni como un mesías; se presenta como lo que es: un ciudadano que entiende lo que significa tomar bus, hacer filas, rebuscarse la vida y sentir que el Estado muchas veces llega tarde o no llega.
Treinta años después, el diagnóstico que plantea es inquietante. Las amenazas no desaparecieron; cambiaron de forma. Hoy el narcotráfico, las organizaciones criminales y el desgobierno vuelven a ganar terreno, mientras la política parece, otra vez, desconectada de la gente de a pie. Para Naranjo, ese es el mayor riesgo: repetir la historia por pura indiferencia. Que las nuevas generaciones vuelvan a pagar el precio de decisiones tomadas desde escritorios lejanos, sin escuchar a quienes viven la realidad en los barrios, los pueblos y las veredas.
Desde esa mirada, sus propuestas no parten de discursos grandilocuentes, sino de sentido común. Naranjo insiste en que el Congreso debe volver a cumplir su función básica: legislar para proteger a la gente, fortalecer las instituciones y cerrarles el paso a los intereses criminales. Habla de prevención, de oportunidades reales para los jóvenes, de educación, de empleo y de un Estado que funcione sin necesidad de mano dura ni populismo punitivo.
La charla con Nacho López deja claro que Carlos Naranjo no es ajeno a la historia ni a los errores del país. Al contrario, los conoce bien porque los vivió. Y justamente por eso plantea que el mayor acto de responsabilidad política hoy es evitar que Colombia vuelva a caer en el mismo abismo. No desde el miedo, sino desde la memoria y la acción concreta.
En un escenario político saturado de promesas vacías, Naranjo apuesta por algo más sencillo y más difícil a la vez: escuchar, entender y legislar pensando en la gente común. En quienes no tienen escoltas, ni micrófonos, pero sí mucho que perder si el país vuelve a equivocarse.
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