Zuluaga, en problemas por escándalo Odebrecht

Desde hace unos meses el publicista José Eduardo Cavalcanti de Mendonça, “Duda” Mendonça, comunicó a la Fiscalía brasileña sobre los  millonarios sobornos que habría la empresa Odebrecht alrededor del mundo, también afirmó que el comité de campaña de candidato Óscar Iván Zuluaga , que en ese entonces era candidato presidencial, quería contratar sus servicios y que lo hizo a través de Odebrecht.

Oscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático, se defendió de esas acusaciones por medio de un comunicado en el que niega dicha relación, y expresa que “no puede hacerse responsable de los acuerdos y pagos que la empresa Odebrecht tuviera con el señor Duda Mendoça al margen de lo convenido con nosotros”, también explica que conoció a Mendoca porque investigó quiénes eran los estrategas políticos más destacados de Brasil.

Zuluaga también aclara que no habló de una propuesta económica con el publicista y aunque lo pudo contactar por medio de Odebrecht , en ese momento “no había conocimiento público alguno de los cuestionamientos a la compañía”. Sin embargo, Mendoca asegura que la empresa Odebrecht pagó los  $4,3 millones de dólares que pidió para asesorar a Zuluaga.

Por otro lado, el senador y jefe del Centro Democrático, Álvaro Uribe, también emitió un comunicado en el que pide a Mendoca que diga “a qué título y por qué hubo pagos adicionales de Odebrecht sin que hubiera informado al doctor Zuluaga o a directivos de su campaña”.

Uribe también aclara que en la campaña de Zuluaga se pagó a Mendoca y quedó registrado en el Consejo Electoral y fue según el contrato que ha publicado en su página de internet, por la suma de $2’438.455.038.

Oscar Iván Zuluaga es el candidato del Uribe Centro Democrático

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El sábado pasado y después de haber descartado la consulta popular como metodología para escoger candidato presidencial, el movimiento Uribe Centro Democrático que dirige el expresidente Álvaro Uribe, eligió en su convención a Oscar Iván Zuluaga, exministro de Hacienda, como su representante al máximo cargo del poder ejecutivo, por una mayoría del 56%.

La elección estuvo llena de suspicacias por parte de algunos medios capitalinos, como la Revista Semana, que publicaron días antes de la elección una encuesta según la cual Francisco Santos le ganaría a su primo el presidente Juan Manuel Santos en la segunda vuelta presidencial, sumado a los comentarios del mismo Pacho Santos sobre un supuesto acuerdo de una fracción del UCD para no permitirle ser candidato.

Zuluaga tendrá labor de confrontar las tesis del presidente Juan Manuel Santos, o quien lo represente (en caso de que el presidente no vaya a la reelección), el cual para la mayoría de los uribistas representa un traidor, que fue elegido con la idea de darle continuidad a sus políticas pero que al poco tiempo tomó clara distancia personal del presidente Álvaro Uribe al punto de que hoy son abiertamente contradictores.

Adicionalmente el exministro de Hacienda tendrá la misión de hacerse conocer en todo el país, ya que sus cargos de elección popular como concejal y alcalde (en el Departamento de Caldas) y luego de senador, no le han dado la suficiente exposición a su imagen pública, al punto de que muchos colombianos reconocen no saber de quien se trata. Así comienza a moverse la campaña política en Colombia de cara a las elecciones presidenciales del próximo 25 de mayo de 2014.

El presidente está nervioso

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Por: Cecilia Orozco Tascón
Ni siquiera Uribe había logrado sacarlo tanto de quicio. El autor del cataclismo que parece estar sufriendo el Gobierno no es, tampoco, su primo Francisco. No son las Farc con las que mantiene una relación de bipolaridad extrema. Ni Piedad Córdoba, a quien odia como si él fuera el mismísimo procurador. El sujeto de sus desvelos es un senador de la República, elegido bajo las reglas de juego de esta tacaña democracia, pese a estar en el desierto de la oposición real. Jorge Enrique Robledo obtuvo, por si fuera poco, la tercera votación más alta del Congreso, 165 mil papeletas depositadas por él, verdadero milagro en el océano de clientelismo en que se desenvuelven las elecciones en Colombia, pues sus votos son de opinión y no de puestos.

El doctor Santos cometió un error garrafal cuando vinculó a Robledo —por sí y mediante su atolondrado ministro del Interior— a la violencia que se ha desatado en los sitios donde hay protestas y paros. La acusación no podría ser más traída de los cabellos: un amigo del senador, antiguo dirigente regional del Polo y no un activista clandestino, intercambió mensajes con jóvenes amigos suyos que a su vez habrían participado en las pedreas. Así, sin prueba alguna y con un par de hipótesis ligeras, la cabeza del Gobierno y su segundo comprometieron su credibilidad en una “denuncia” por algo que hoy, ni ellos quisieran repetir, tan absurdo fue lo que dijeron. Pero suponga usted que resultara exacta esa versión. ¡El parlamentario sería culpable de lo que habrían hecho unos terceros! Ni en la Inquisición.

¿Cuál es el motivo de tanta piquiña? Hay una sola respuesta: la polémica, puesta sobre el tapete por el senador, por la adquisición de 40, 50 o 60 mil hectáreas de baldíos destinados a pequeñas unidades campesinas, por parte de ricas empresas nacionales como Riopaila y de grandes multinacionales de los alimentos como Cargill, a través de transacciones y figuras creadas para hacerle el quite a la ley vigente que prohíbe la acumulación de esas unidades en una sola propiedad. Y la participación, ¡ay, señor presidente¡, de uno de sus mejores amigos en el engranaje jurídico que les dio apariencia de legalidad a esas compras. Carlos Urrutía, embajador designado por el jefe de Estado en Washington y socio de la firma de abogados Brigard Urrutia que estructuró tales negocios, se vio forzado a renunciar como consecuencia de la discusión que abrió el parlamentario del Polo cuando puso en público la reconcentración de tierras. Esta columna se escribe antes del debate de Robledo en el Senado que debió celebrarse anoche. La renuncia de Urrutia buscaba, no lo duden, reducir el impacto de la sesión. Pero por el rumbo que quiere darle el Gobierno, el asunto va para largo. La pesada de los empresarios y de los abogados se unió para ambientar la teoría presidencial de que hay que proteger la “seguridad jurídica” de las inversiones, como si defender a los socios de Riopaila y demás concentradores fuera igual que defender las leyes preexistentes en un Estado de derecho, las que hoy pretenden modificar para legalizar lo que debería judicializarse. Ni Uribe llegó tan lejos con su Carimagua y su Agro Ingreso Seguro. Perdón, no entiendo: ¿de qué estamos hablando: de restitución o de despojo?

Entre paréntesis. Atención periodistas: envuelta en el algodón de la absolución al comunicador Luis Agustín González viene la más peligrosa argumentación a favor del recorte de la libertad de opinión. La amenaza es peor hoy que ayer, porque es de la Sala Penal de la Corte Suprema, la que amenazó con denuncias penales a dos columnistas por sus comentarios, entre ellas a quien escribe aquí.

Fuente: ElEspectador.com

Porque sí, porque no

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Por: Esteban Carlos Mejía

Escribir columnas sobre política es un lío.Un zaperoco. Hace como un mes escribí sobre el futuro de Chávez. A mi manera, claro está. Comparé al comandante golpista con otros caudillos de izquierda, legendarios y trascendentales: Stalin, Mao, Tito: tres tipos de cuidado. Durante lustros mandaron a su antojo, apoyados en partidos de acero y con una propaganda densa e impenetrable. Al morir, pese a todo, desaparecieron de la faz del planeta, se esfumaron sin pena ni gloria, no más estatuas, no más panegíricos. ¿Le va a pasar lo mismo a Chávez? ¿O será capaz de vencer la negligencia de las gentes, olvidadizas e ingratas de por sí? ¿Es acaso un ser sobrenatural, mejor dicho, sobrehistórico, por encima de las crudas y crueles leyes de la realidad? ¿Un cuerpo glorioso? ¿Un ser superior? Vana ilusión de sus fans. Se lo comerán los gusanos de la historia como antes se despacharon a fulanos con más ideología, más partido, más propaganda y más enjundia. Chávez es otro chafarote de pacotilla, digno, si mucho, de figurar en el Bestiario tropical de Alfredo Iriarte, jocosísima reminiscencia de los autócratas de las republiquetas bananeras de Iberoamérica. A lo mejor, incluso, es “el caudillo perfecto”, como alguna vez, no sin cierta zozobra, lo calificara el buenazo de Francisco Suniaga, novelista venezolano de ingenio y valentía.

Pues bien, algunos foristas de El Espectador me cayeron como hienas. Dudaron de la santidad de mi madre, hablaron mal del parto en que nací y me diagnosticaron enfermedades que, con la ayuda de la diosa Venus, no he tenido ni tengo ni tendré. Cosa muy parecida me pasó en agosto de 2010 cuando despedí al capataz Uribe. También llovieron rayos y centellas, insultos ubérrimos, injurias de hecatombe, gritos furibundos. Al bagazo, poco caso, dije. Pero, eso sí, ¡qué desespero el maniqueísmo!

“Si no estás conmigo, estás contra mí”. Si uno se burla de Chávez entonces uno es (¡tiene que ser!) uribista o paramilitar. Y al contrario, si uno reniega de Uribe entonces uno es (¡tiene que ser!) chavista o de las Farc. Para los maniqueos, el mundo es blanco o negro, ni siquiera blanco y negro. No, blanco o negro, sin grises ni matices ni escorzos ni perspectivas. Les resulta inconcebible que alguien sea antiuribista y, a la vez, antichavista. La cabeza no les da para tanto: te echan más sapos, más culebras, más venéreas.

Es uno de los gajes del oficio de columnista: aguantar palo porque bogas y palo porque no bogas. Con una arandela, no menos humana, la maldita (o bendita) soledad, mucho más si uno no cree en la resurrección de la carne ni en la inmortalidad del alma de los caudillos. Entonces, señoras y señores foristas, ¿qué le vamos a hacer?

Rabito de paja: “Acogeré con los brazos abiertos todos los juicios de la crítica científica. En cuanto a los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que jamás he hecho concesiones, seguiré ateniéndome al lema del gran florentino: Segui il tuo corso, e lascia dir le genti!”, Karl Marx, 1867.

Rabillo: hoy hace 50 años fue la masacre de Santa Bárbara, Antioquia: 12 muertos por el Ejército en la huelga de la fábrica de cementos El Cairo. Una cicatriz que aún sangra.

Fuente: Elespectador.com